martes, 29 de diciembre de 2009

Breve historia de los cactus

Breve historia de los cactus

Originarios de América, se han adaptado a todos los climas

El cactus es la más famosa de las plantas suculentas y se caracteriza por la presencia de púas y de tejido pulposo para conservar el agua en los tallos, hojas y raíces cuando tienen que soportar períodos de sequía. El sentido etimológico de la palabra cactus proviene del griego káktos, que se cree que utilizaban para designar a alguna planta parecida al cardo.

Estas plantas suculentas son de origen americano, en concreto de las regiones desérticas de Estados Unidos y México, aunque se han extendido por todo el mundo gracias a su gran adaptabilidad a los diferentes climas y ambientes.

Pero remontándose en la historia se descubre que las cactáceas llegaron a Europa de la mano de Cristóbal Colón, en las expediciones realizadas por científicos y comerciantes españoles, holandeses e ingleses a Las Antillas, México, América Central y América del Sur.

De todas formas, el primer hombre que escribió y estudió sobre los cactus fue el botánico sueco, Linneo, que en 1753 publicó "Species Plantarum", en el que describía 32 especies del género cactus. Entre otros estudiosos posteriores destacó Adrian H. Haworth, con su obra "Synopsis Plantarum Succulentarum", quien se encargó de reformar el mundo de los cactus y suculentas, ya que suprimió el género cactus y lo transformó en la palabra que daría nombre a la familia.

Desde entonces hasta ahora se conocen entre 2.500 y 4.000 especies, entre las cuales se pueden encontrar desde cactus que miden tan sólo un centímetro hasta los que alcanzan los 18 metros de altura.

Orden y clasificación

Según algunas fuentes, existen más de 2.000 especies conocidas de cactus diferentes, aunque probablemente la cifra real sea aún mayor. Una gran parte de estas variedades son fácilmente cultivables como plantas de interior debido a sus dimensiones y características.

Para mantener y ubicar estas peculiares plantas se puede recurrir a los tradicionales recipientes que se encuentran en cualquier comercio, pero el método más apropiado radica en dedicar algo de tiempo para distribuir por contenedores las diferentes especies de cactus y así identificarlas de alguna manera.

El método consiste en adquirir, aunque si se es especialmente habilidoso se puede elaborar de forma manual, una serie de canastos de mimbre adecuados a las dimensiones de cada variedad y que irán entrelazados en su base. Para identificarlos se puede colorear cada grupo de cestos de un color diferente e, incluso, a lo mejor, puede escribir en el exterior el nombre de la variedad.

De esta manera se tendrán perfectamente señaladas las especies y se sabrán qué nutrientes y cuidados se les debe proporcionar en función de su categoría.

Limpieza y cuidados

Dada su gran resistencia, la idea de que los cactus apenas requieren cuidados es totalmente equivocada. Es por ello que la falta de un mantenimiento puede generar que la estética del cactus quede afeada, perdiendo todo su atractivo. Sin duda, alguna es recomendable llevar una serie de atenciones mínimas en el cactus, como si de otra planta se tratase.

Como la presencia de los pinchos dificulta considerablemente la limpieza habitual que se puede realizar en otras plantas, hay que recurrir al ingenio para quitar el polvo de los cactus sin que nadie se produzca ningún pinchazo. En este sentido, una buena solución puede ser recurrir al uso de un cepillo de dientes. Los pasos a seguir son muy sencillos:

-Antes de nada es importante cubrir el terreno sobre el que se asienta el cactus, bien sea el de una maceta o el del propio jardín, con papel de aluminio o con otro material que evite que los restos de agua y jabón penetren en el sustrato.

-En un vaso se mezcla un poco de agua con jabón neutro.

-Se disuelve bien el jabón y se introduce el cepillo de dientes.

-Con el cepillo se limpia toda la superficie que contenga impurezas y después se aclara bien con agua.

Con este fácil procedimiento se podrá recuperar el brillo de los generalmente olvidados cactus.

Medidas de seguridad para los transplantes

Además, manipular cualquier cactácea es complicado, debido a lo difícil que es realizar cualquier labor en torno a ellas sin sufrir molestos pinchazos. Normalmente los cactus no necesitan ser cambiados del recipiente original de compra, salvo que se hayan adquirido ciertamente pequeños y se quieran trasplantar a otro recipiente mayor para que puedan continuar su crecimiento.

Para evitar realizar presión sobre las espinas de un cactus a la hora del trasplante, el primer paso consiste en dar unos toques secos alrededor de todo el recipiente, favoreciendo así que la tierra se despegue de la maceta. Cuando el cepellón ya no esté adherido al tiesto se puede extraer el cactus, volteándolo sobre un viejo colador en desuso o utilizando una abrazadera de fijación ajustable de las que se utilizan con las trepadoras o arbolitos pequeños. Recurrir a los guantes de cuero o servirse de la ayuda de una hoja de papel doblada en varios pliegues también puede ayudar a trabajar con cactus.

De cualquiera de estas maneras se podrá retirar la tierra de las raíces y manejar como necesite la planta sin sufrir pinchazo alguno. El resto de la acción de trasplante se realiza de la misma manera que con cualquier otra planta.

Realizar injertos

Asimismo, una de las principales características del cactus se encuentra en su gran resistencia a la sequía mediante la acumulación de agua y la reducción de su superficie. Asimismo, tienen una tolerancia casi nula al exceso de humedad. Por esta razón, es recomendable que, al tratarse de una especie que se desarrolla en climas muy áridos, se riegue la planta sólo cada veinte días o una vez al mes.

Muchas veces, en los viveros, se pueden apreciar dos especies diferentes de cactus injertadas que forman una planta muy original. Para hacerlo hay que buscar ejemplares similares y seguir ciertos pasos. Se cortará con un cuchillo filoso la parte superior del cactus plantado en la maceta, y a la seleccionada ponerle el injerto. Luego, se cortará la parte inferior del segundo cactus, sosteniéndolo con un papel para evitar pincharse. Es fundamental que ambas superficies sean de dimensiones similares. Por último, se colocará el injerto sobre el cactus de la maceta y, una vez que esté centrado, sujetarlo con unas bandas elásticas para que se mantenga firme.

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